La cosa es que siempre nos reímos mucho de él, por eso de que con esos pelos, esa barba y ese color de piel más parece moro que otra cosa. Y bueno, como gracia, gracia tiene, pero poco más, porque Hernandeath y los moros no tienen mucho más en común (doy fe de ello)
Sin embargo, la semana pasada la broma dejó de ser broma y se convirtió en algo mucho más duro. Y si no, que le pregunten a Hernandeath cómo se quedó cuando, saliendo de la estación de Piccadilly, se nos acercó un hombre de tez morena, vamos, un moro, muy derechito hacia nosotros y, dirigiéndose a él, dice:
Moro: Salaam alaikum
Hdeath: …eee…hi? (con esa cara de “pero qué está pasando?” que se le pone)
Moro: Hi, you are Muslim, aren’t you?
Hdeath: …eee…no?…
Moro: Oh! Sorry, sorry! I looked at you and… your face… as you look as a Muslim… sorry, sorry…
Ahí nos quedamos Hernandeath y yo clavados como dos piedras, mirando al moro, que al ver que no nos movíamos empezó a contarnos la triste historia de su vida, ya que su mujer lo había dejado por un afgano (tirando a mejor, la señora) y lo había puesto en la calle sin nada en absoluto.
Hernandeath y yo seguíamos allí, mirando al moro, él con cara de no entender del todo la situación y yo con unas ganas de partirme de risa que no podía con ellas.
Por cierto, por si alguien no lo ha pillado, el post está escrito por Aberración.
